Néstor Alberto Calderón Maldonado   

           

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 Néstor Alberto Calderón Maldonado

                                                  Médico Veterinario Bioeticista

       

¿PODEMOS HABLAR DE ETNOETOLOGÍA?

Ejemplo de Observación

 

Néstor Alberto Calderón Maldonado

Médico Veterinario U. de La Salle

Candidato Maestría en Bioética – U. El Bosque (Colombia)

Diplomado en medicina, cirugía y zootecnia – UNAM (México)

Especialista en Bioética – U. El Bosque (Colombia)

Docente universitario de Etología, Bioética y Bienestar Animal – U. de La Salle, FUSM y FICH                        

Correo electrónico: ncalderonlasalle.edu.co

                 

Rosa Elsa Pérez Peña

Médica Veterinaria U. Nacional de Colombia

Candidata Maestría Estudios Humanístico ITESM-UV  (México)

Diplomada Métodos Cualitativos y Participativos de Investigación Social UNAD

Estudios en Comunicación Social Comunitaria UNAD  (Colombia)                                              

Docente Universitaria de Etnoveterinaria  y Técnicas de Comunicación Comunitaria en  U. de La Salle y FUSM

Correo electrónico: etnovetcoyahoo.com

 

 

 

A manera de introducción…

Desde la mirada etnológica sería difícil separar a la etología de su contexto sociocultural y cuando nos referimos a la etología de los animales domésticos (etología veterinaria) con mayor razón; en especial por que las particularidades socioculturales y económicas que acompañan a los sistemas agropecuarios y en particular a la ganadería son muy importantes para entender y explicar el comportamiento animal y las relaciones humano – animal - ambiente.

 

Especialmente cuando nos preguntamos: ¿cómo reaccionan determinados animales al medio cultural donde se encuentran y de que forma este medio influye en sus reacciones biológicas, fisiológicas y psicológicas?

 

Y si quisiéramos responder este interrogante desde la etología, nos referiríamos a la manera como ellos se adaptan y responden a un medio específico, sin la intervención directa del hombre, incluyendo la fauna presente, la flora, la topografía el clima del sitio en particular, entre otras cosas.

 

Para el caso de los animales de granja, generalmente es el hombre en la finca quien controla el medio ambiente (instalaciones, potreros, estilos de manejo, alimentación, cuidados, etc.) y la mayoría de animales no pueden seleccionar a voluntad su albergue, su temperatura, su comida, su desplazamiento, su reproducción y la forma de socializar; de hecho son mantenidos en espacios delimitados, reciben una dieta vigilada y están sujetos a un control reproductivo (destete, forma de monta, etc.) de acuerdo a unos parámetros zootécnicos específicos.

 

Y es en este sentido que nos interesa el abordaje cultural, ya que estos parámetros zootécnico-productivos no son solamente técnicos, ellos son afectados culturalmente a través del establecimiento de rutinas y costumbres de manejo propias de cada comunidad. Incluso muchas de estas pueden considerarse como factores productores de estrés, de enfermedades, de comportamientos agresivos, que afectan no sólo a los animales sino a los humanos que se interrelacionan con ellos.

 

Se hace entonces necesario tenerlos en cuenta como punto de partida para cualquier acción (intelectiva o práctica) que  propenda por un mejoramiento de las condiciones del bienestar animal.

 

Desarrollando una idea…

Una expresión de la etología aplicada sería el manejo etológico o dicho de otra manera el manejo racional y sin violencia; sin embargo la mayoría de limitaciones para adoptar formas de manejo racional a nivel práctico y cotidiano proceden de la oferta, ya que dichas propuestas parten de paradigmas diferentes a los locales, produciendo reacciones antagónicas.

 

Generalmente los sistemas propuestos son diseñados de acuerdo a estándares internacionales en los que se exigen una serie de pautas de manejo desconocidas para la comunidad, culturalmente incompatibles y por lo tanto no aceptadas.

 

Para evitar la tan frecuente discriminación del manejo tecnológico hacia el manejo tradicional o popular y viceversa, se requiere reconocer los códigos, las lógicas, los valores, símbolos, creencias, objetos, formas de relación y prácticas en los cuales se sustenta la cultura del manejo animal de una zona particular para transformarlo o cambiarlo, si es necesario, o para reconocerlo y recuperarlo en caso contrario.

 

Mejorar las condiciones de bienestar animal en condiciones de campo  implica poder hablar de un encuentro de dos saberes distintos pero complementarios, por un lado el saber producto de la experimentación y el estudio académico del comportamiento animal y por otro lado el saber producto de la observación diaria y la experiencia a través de la convivencia cotidiana con los animales en unas condiciones particulares.

 

Para ello es necesario hacer una observación densa caracterizando la forma como localmente manejan los animales, para posteriormente identificar los puntos críticos y a partir de allí proponer las soluciones necesarias desde la etología.

 

Compartiendo experiencias…

Se desarrolló una primera experiencia de este tipo de acercamiento en la región del Tundama,  Municipio de Duitama, Departamento de Boyacá en Colombia, con un grupo de treinta ganaderos locales.

 

En la región las personas que trabajan con el ganado bovino, principalmente para producción de leche, establecen una relación muy cercana con sus animales, siendo estos identificados con un número determinado a la par que con  un nombre o sobrenombre, producto de la asociación con ciertas características externas del animal, encontrándose la “colimocha”, la “zancona”, la “manchada” o con ciertas características del carácter particular del animal, “la abeja”, “la mansa”, “la avispa”.  Lo que implica la asignación de unas características especiales, encontradas a través de su observación, que muestra diferencias tenidas en cuenta al momento de manejar del lote. Podemos encontrar en sus relatos expresiones como “hay que hablarle a la manchada para que se tranquilice cuando entra al ordeño, porque es muy nerviosa”, “con la avispa hay que tener cuidado, es muy cabeceadora”, “la mansa no hay necesidad de maniarla al ordeño”.

 

Existen diferentes descripciones de la manera como tumban el animal, pero en todas ellas hacen alusión al cuidado que se debe tener para que el animal no se golpee, sufra fracturas o se descache. Algunas de ellas: “siempre hacemos el nudo que no sea corredizo, para hacer la argolla de nudo moreno y se enlaza, luego se pasa por el cuello del animal y por debajo de los brazos, se cruza sobre la cadera y luego por debajo de las piernas, se tira el lazo y cae el animal”. “Se igualan las puntas, se pasa por el cuello, luego por debajo de los sobacos, se sube al espinazo, luego se cruza las puntas, se pasa por el lado de la ubre y se tensiona hacia atrás”. Otros utilizan términos como verijeando al animal, maniando de pies y manos y fajando al animal, apegándolo al botalón y maniando en H.

 

Recurren al lazo para realizar la maniobra, empleando el enlace por lazada y no por voleo; el botalón es el sitio predilecto para tumbar el animal, al igual que los sitios lisos y limpios de piedras y palos. Tienen diferente método dependiendo si es macho o hembra, teniendo en cuenta la presencia de la ubre.

 

Encierran arriando los animales, para ello utilizan silbidos, lo hacen en una corraleja, conduciendo lentamente al grupo. Generalmente manejan los animales en grupo porque mencionan que es más fácil que cuando es uno por uno. “Para manejar los animales es más fácil en grupo, pues están más tranquilas y son más dóciles. Solas son más inquietas, se estresan, se impacientan, se ponen a bramar. Al ir a cogerlas se ponen agresivas, son más briosas”. Dependiendo del manejo que se les de en cada finca, unas veces están más tranquilas en el establo y otras en el potrero.

 

Observan que los animales se distribuyen en grupos de forma libre cuando están en el potrero y en filas cuando se utiliza la cuerda eléctrica para pastoreo. Se alejan del grupo las vacas enfermas o en celo, las líderes siempre están adelante y se separan del grupo, las más pequeñas se alejan del grupo porque les pegan, “cada una agarra su pedacito, donde encuentre pasto que le guste”.

 

A la pregunta sobre la forma como se organizan cuando llegan a un potrero nuevo, comentan que  al principio llegan a caminar en grupo y no pastorean normalmente, “no tienen un orden siempre y cuando estén amplias”, hasta que se quedan en un sitio  y se ubican donde les gusta el pasto. Las vacas viejas son las que tratan de comer primero. Después se esparcen por grupos pequeños en todo el potrero. Cuando hay cuerda eléctrica ellas se ubican donde les toca en fila.

 

Identifican con claridad que en el lote existen uno o unos animales líderes que someten al resto del grupo, los dirigen durante los desplazamientos de un potrero a otro y los desalojan en el tiempo  de alimentación. Los asocian a animales fuertes o a las vacas más viejas. “a las vacas viejas se les dirige llamándolas por su nombre, especialmente cuando van por el potrero para que lleven a las otras”, señalan. “Siempre hay una que manda, la más grande, esa no deja que la novillas se acerquen cuando están comiendo”.

 

“Entre ellas en el lote de ganado  siempre existen vacas con más ventajas que las otras, hay una líder que es la que manda, la que toma la iniciativa. Ella come primero y las demás van detrás, por eso las más fuertes o antiguas se hacen al mejor pasto. Hay preferencia entre ellas por las que se han criado juntas y  las novillas de primer parto tienden a aislarse. Cuando existe cuerda eléctrica, se organizan en fila de forma ordenada”. “Para desplazarse de un potrero a otro van en fila india, en pelotón, siguiendo un animal. Siempre la vaca líder las guía, ella encabeza la fila. Por eso casi siempre las mismas vacas van a la cabeza de la fila. Cuando no conocen el camino hay que guiarlas”.

 

Ya en el ordeño las más lecheras se ordeñan primero, las líderes o las vacas más antiguas entran primero, generalmente son las de mayor producción; en otras ocasiones se hace por el número u orden que se le ha dado al ganado. Las vacas están acostumbradas y ya saben el orden que les toca y esperan su turno. Para que pasen se les llama por su nombre o por el número que toca. Ellas entran rápido por la comida. En caso de mastitis se pasan de últimas.

 

Señalan como dificultades principales las malas rutinas; los cambios en el horario, las prácticas, los ordeñadores. Los gritos, los ruidos fuertes, la presencia de perros, golpes, maltrato, producen problemas.

 

El ordeñador es mencionado frecuentemente pues consideran que su estado de ánimo o emocional afecta el comportamiento de las vacas, ya que el trato cambia. “No hace una interacción antes del sometimiento, entra en conflicto personal con el animal como si se estuviera en contra” expresan. Lo mismo sucede cuando cambia el puesto u orden que la vaca prefiere al ordeño. Otros factores considerados como problemas son la entrada al ordeño de los animales jóvenes o novillas pues se estresan mucho. Por eso hay accidentes, se les produce dolor, se les obliga, hay estrés por parte del animal, miedo, huyen, se ponen nerviosos, presentan resistencia a la sujeción.

 

En cuanto al transporte de los animales señalan la dificultad para embarcar los animales en el camión, “se estresan al no conocer como subirse”, los pisos inadecuados, el hacinamiento, los carros inadecuados, la mala conducción, los ruidos, el mal trato, el cambio de ambiente, la separación del grupo, se altera su rutina. Los embarcaderos no son los adecuados por sus pisos, por el manejo que se hace en ellos. En el trayecto las largas distancias, los ruidos y movimientos son los principales problemas.

 

Durante el parto las principales dificultades mencionadas fueron desconocimiento de las fases del parto por parte de las personas que manejan el ganado, “quieren sacar la cría antes de tiempo sin dejar trabajar la vaca generalmente por afán,  no observan cual es el momento adecuado”; la interacción con otros animales (principalmente los perros) y presencia de personas extrañas.

 

Al administrar medicamentos se indica que los animales se estresan con las inyecciones; se estresan porque hay que cogerlas mucho; el dar medicamentos produce miedo, prevención, agresividad, angustia, por eso prefieren medicamentos orales o untados.  Hay más problemas cuando se hace en el mismo lugar del ordeño porque genera prevención del animal. Ya conocen al veterinario, la jeringa, el olor al medicamento, se rehúsan cuando es continuo el manejo.

 

Aprendiendo y creciendo juntos….

Entre las estrategias sugeridas por las personas de la región tenemos la capacitación del personal que tiene que ver con el manejo de los animales y seguimiento de las labores desarrollada, teniendo en cuenta el trato que deben dar a los animales; esta capacitación acompañada de motivación, mejora de sus condiciones de vida y de la infraestructura existente.

 

La caracterización realizada permite ver que existen conocimientos básicos acerca del comportamiento de los animales, que es necesario reforzar organizándolos y sistematizándolos, pero a la vez existen vacíos de información que hacen que entren en conflicto con el animal, se produzca el maltrato y la agresión, los cuales pueden ser subsanados desde la etología animal a través de capacitación y prácticas.

 

Buscar la complementación, para no caer en el error de tratar de capacitar sobre algo que saben es fundamental. No se debe partir de cero, pues la experiencia que poseen es muy valiosa y varía de acuerdo a la región, tipo de animal, sistema de producción y entorno sociocultural.

 

  

BIBLIOGRAFIA

 

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